Me encuentro a un conocido en la cola del supermercado. Nos saludamos. Le preguntó cómo le va y qué hace. Me responde: “ya ves, aquí de traidor”. ¿Cómo dices?, le digo sorprendido. “Sí, de traidor. Tráeme esto, tráeme aquello, tráeme lo otro”, me dice. Y no tengo más remedio que despedirme con una sonrisa.