Los cuerpos –en especial los jóvenes– se han convertido en templos iconográficos. A la amplia tradición de afeites ahora se suma la moda del piercing y del tatuaje, pero no todo se detiene en lo visible. Me cuentan que, en los salones de belleza, desde hace algún tiempo se promociona la fantasía del vello púbico.
El rasurado del Monte de Venus adquiere sugerentes siluetas con diferentes nombres: al corte en forma de pequeña caja le llaman Tiffany; al de estilo mohicano le apellidan Beckham; si sólo se deja una tira rectangular de pelo en el centro se denomina Cera Brasileña; y si el depilado es completo, Hollywood. Hay podas para todos los gustos, incluso en forma de corazón.
Cintia — 11-09-2005
Rosi — 11-09-2005