Tras dos hijos y mucho amor, su mujer un día lo abandonó. Habían sido cinco años de noviazgo y ocho de matrimonio. De repente se vio solo y entró en una crisis. Depresión médicos, psicólogos, terapia. Cuando todo parecía perdido se refugió en un café-teatro donde a diario actuaban humoristas. Un día se le escuchó decir: «la vida hay que tomársela a risa».
la innombrable — 29-11-2005
buttercup — 04-01-2006