Paseaba distraído como turista por las calles de Praia, capital del archipiélago de Cabo Verde, cuando entre el discurrir de las gentes que se afanaban en sus tareas cotidianas percibí cómo me miraban con insistencia muchos de los viandantes. Algo desconcertado no supe qué pensar.
La respuesta la obtuve al pasar junto a un escaparate y ver reflejada mi figura de piel blanca frente a toda la gente negra que transitaba por la calle. Mi diferencia levantaba curiosidad y volvía sus miradas hacia mí, aunque su trato siempre fue gentil y educado.
Hace unos días leí como una mujer sudamericana se quejaba porque la miraban mal en España por el tono de su piel y se sentía incómoda.
No es tan importante que nos miren como a diferentes por el color de nuestra piel como que nos respeten por ser personas.
Niha — 05-02-2006