Premio Nobel
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General • Fecha: 06-02-2006 22:10:21
a Joselu
Habían pasado casi treinta años desde su último encuentro. Profesor y alumno sólo cruzaron en ese tiempo unas pocas cartas. El destino volvió a reunirlos de nuevo. El profesor acababa de prejubilarse agotado por el tipo de alumnado que ahora puebla las aulas. El alumno había seguido su vocación literaria y logrado reunir algunas publicaciones con poemas más o menos acertados y algún que otro reconocimiento. Tras leer algunos de sus trabajos el profesor le dijo: «eres poeta».
Quien le enseñó a dar sus primeros pasos en la literatura, aquel que le indicó los autores interesantes, le mostró las lecturas que ensancharon su mente y le dio alas para seguir jugando con las palabras, lo nominaba como poeta.
El alumno se emocionó. No esperaba, en su vida, recoger galardón más alto que ese.
Escrito por
Francisco M. Ortega Palomares
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Es broma, ¿no?. Un poeta, si es que queda alguno en estas terras prosaicas, no asiste a las aulas. O si asiste, no se emociona con la aprobación de un académico (aunque, para serte honesto, mientras estudié literatura conocí a varios). No te lo digo por joder, sino porque creo saber de lo que hablo: no soy poeta, pero sí profesor universitario.
pablo fuentes — 07-02-2006
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¿Y por qué no puede emocionarse?
borre — 07-02-2006
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Imagino que es muy tarde para responder a este post que desconocía. Me ha parecido entrañable, pero no me jubiles. No estoy a punto de jubilarme, todavía me faltan bastantes años de luchar y de lidiar. Francisco, no sabes lo que es haber sido un profesor de referencia para varias generaciones de alumnos y de pronto en el aula, con el nuevo sistema, eres poco menos que un don nadie. A casi nadie - a algunos sí- parece interesarles un carajo lo que tu cuentas y explicas. Te estás dejando la piel pero ellos están en otra onda y tú no eres más que un moscardón enojoso que les habla -fíjate tú- de literatura, una asignatura en trance de desaparición por falta de vocación política y por falta de interés por parte del alumnado. Hay algunos alumnos -pobres- que disfrutan, que intentan seguirte, que te respetan, pero se ven avasallados por la masa que los aplasta, que los enguye, que los machaca, por miserables empollones y personas curiosas. Estar en la enseñanza, Francisco, si eres un poco sensible, te expone a estados de intensa desesperanza y frustración, precisamente porque amas lo que estás haciendo. No es como ir a trabajar a una oficina. Tu material es más delicado. No sabes la pasión que he derrochado, que tantos hemos derrochado en esta profesión tan difícil. Mi blog es un intento de comprender lo que nos está pasando. Conozco a alumnos que responderían al modelo que planteas en tu post, me los encuentro y me recuerdan con afecto y probablemente me dedicarían sus versos. Recuerdo que en la primera actuación del grupo Estopa, antes de ser Estopa, David Muñoz me dedicó una de sus canciones. Yo había sido su profesor durante tres años. Me enseñaba sus letras, sus poemas, que luego musicaba y yo le daba ánimo para continuar. No es tan inverosímil lo que planteas afortunadamente. Esta es una profesión que te marca porque la quieres, joder, te encantaba hablar de la vida a tus alumnos. Hoy no es posible. Todo ha cambiado. El sistema es muy malo y sólo beneficia a los padres que pueden pagar colegios de élite donde seguirán teniendo profesores a los que respetar y seguir. La enseñanza pública es un valladar social contra la desintegración y la desestructuración pero no puede cumplir con su cometido intelectual. Eso, Francisco, hay que pagarlo. Aún así hay alumnos que se salen de la norma y te respetan. Por ellos, por todos. Salud, fmop.
joselu — 26-03-2006
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