Gonzalo es un tipo serio y trabajador. Eso suelen decir de él los ecos de sociedad. Alguien de quien no se puede esperar un mal paso, algo fuera de lo normal. Trabaja como funcionario desde hace unos veinte años y como tenía que resolver unos asuntos burocráticos en el edificio donde está, aproveché para saludarlo.
―He dejado a mi mujer ―me dijo nada más mirarme―. Se pasaba el día entre telenovelas y programas de parapsicología. Lo último fue que echaba agua bendita en la lavadora cada vez que lavaba la ropa del niño porque decía que estaba endemoniado.
Ella imagina... — 08-02-2006