Los primeros casos paranormales que escuché en mi infancia estaban asociados a creencias populares de uso doméstico. Los adultos resolvían con explicaciones imaginativas, aunque poco científicas, los sucesos inexplicables. Mi inocencia pueril y mi abundante ignorancia me hicieron suponer que grandes regiones de la realidad eran mágicas.
Así cuando estallaba un vaso de cristal de repente, la explicación era que le había dado un aire porque algún espíritu ‘deambulante’ atravesaba el cristal y lo hacía estallar. Cada vez que un objeto se caía, torpe y repetitivamente, de las manos de una persona, ésta lo achacaba a que la estaba nombrando en algún lugar. Si una mariposa se posaba encima del hombro o de la cabeza de una persona era que la fortuna le iba a sonreír con un premio de la lotería.
En cambio, con el tiempo aprendí a despejar ciertas dudas y ahora sé que una cucharilla en el cuello de una botella no sirve para mantener la presión de una bebida; que las espinacas no tienen tanto hierro como se les reconocían; que sí utilizamos todas las áreas del cerebro.
Y a pesar de todo parece que ciertas áreas de la realidad están contagiadas de un grado de misterio por desvelar. Siento no alimentar más que sospechas pero no se me agotan las preguntas.
noemi — 23-05-2006
emel — 28-05-2006
emel — 28-05-2006