Existe un tipo de bitácoras muy despreciadas por los críticos y peritos en este mundillo. Son esa especie de diarios personales abonados a todo tipo de información y que cuelgan en la ‘red’ cachos de su vida en fotos, fragmentos de su mundo, comentarios y todo tipo de cuestiones que les llaman la atención.
En su contra tienen la reiteración de contenidos que salpican mil páginas, la mayor parte de ellos con fotos que no reflejan su autoría y un material divulgado poco original o reciclado de otros lugares. Tampoco aprecian, en muchos casos, el valor que tiene la autoedición porque carecen de autocrítica. Pero como reconoce el refranero nunca hay que pedirle peras al olmo.
A su favor, en cambio, tienen ese efecto que surte la libertad de expresión como quien descorcha una botella de champán. A la vez sirven de terapia al escribir sobre fobias, manías, frustraciones, anhelos y sueños. También bajo el halo ilusionante de aquello que comienza, fomentan la amistad y la solidaridad. Y no faltan quienes ejercen la crítica sobre el modelo social.
A todo eso, añadir que nutren a los ‘bloguenautas’ con el ejemplo de su realidad. Son el espejo de existencias que van de un lado a otro del planeta y, aunque muchas bitácoras aparezcan como casas desvencijadas, reflejan el mundo que les ha tocado vivir. Ese es su valor.
Veva — 27-05-2006
la innombrable — 28-05-2006
Niha — 28-05-2006