La calle desierta; oscura como la boca de un lobo. A lo lejos taconean los últimos recuerdos de un día convulso. Negras bolsas de basura se agitan como un estómago hambriento. En la puerta un hombre borrado describe su desidia con gestos rutinarios mientras espera la hora de cerrar. En la sala apenas nadie. Una pareja que abriga sus besos en la ausencia de luz, un grupo de amigos, algún que otro solitario.
La pantalla se incendia y comienzan los sueños.
Medea — 14-08-2006
Uqbar — 14-08-2006
A k e l a — 14-08-2006