Yussuf III condenado a muerte por su hermano pidió, como último deseo, terminar la partida de ajedrez que jugaba con el alcaide de la fortaleza donde estaba prisionero. Movió sus piezas con inteligencia para demorar el final del juego y sortear una muerte segura. Entretanto sus seguidores derrotaron al emir y mandaron un emisario que le comunicara su proclamación.
Así, muchas veces, la existencia aparece como una partida de ajedrez. Sólo hay que tratar de mover las piezas con sensatez para demorar el final.
Céline... — 27-11-2006