Recuerdo haberme perdido en los angostos pasadizos del mercado de Asomada en Praia donde apenas quedaba aire para respirar entre los cartones que cubrían su techo y el abigarramiento de productos en sus puestos.
Allí, cuando parece uno sin norte, desconcertados los sentidos entre colores y olores exóticos, surge ante la confusión de la mirada, un producto exótico, una pieza única, un objeto de valor.
La ‘blogosfera’ me recuerda, a veces, a esos zocos y mercados ambulantes de tradición medieval, superpoblados de tenderetes y colmados de productos, donde casi sin querer tropiezas con un rincón insólito o una pequeña joya. Sólo es cuestión de buscar.
kasandra — 02-01-2007
Niha — 02-01-2007