Si el contador de mi procesador de texto no me engaña puedo escribir que esta bitácora contiene cincuenta mil palabras.
No por parecer presumido o vanidoso ni actuar con fatuidad anoto el dato, sino más bien por esa especie de vertiginosa sensación de, quizás, haber escrito tanto y no haber dicho demasiado.
Las estadísticas, a veces, nos ofuscan.