Vigarello, autor de Lo limpio y lo sucio, indicó que en tiempos de Luis XIV, las damas se bañaban, a lo sumo, dos veces al año. Sandor Marai en su libro Confesiones de un burgués refleja la tendencia de creer que «lavarse o bañarse mucho resultaba dañino, puesto que los niños se volvían blandos».
Ahora rodeados de geles, cremas y aromas nos es difícil imaginar cómo pudo ser el mundo, en un momento dado, donde aseados y desaseados mantenían una lucha. Hasta que los limpios, cuyo número era menor, amenazaron la supremacía de los libres del jabón.